Semana 23 - Web Aprendo en Casa

El propósito de esta semana no es convertir al estudiante en un simple operador de pantallas —eso sería fácil y, paradójicamente, bastante pobre—, sino acompañarlo hacia una alfabetización tecnológica equilibrada. Una que no confunda saber deslizar un dedo con saber pensar.

Aquí, la tecnología no aparece como un juguete brillante ni como un villano moderno, sino como lo que realmente es: una herramienta. Útil, poderosa… y peligrosa si se usa sin criterio. Como un cuchillo en la cocina: puede preparar la cena o arruinarla todo.

En lugar de limitarse al uso automático de dispositivos, el plan invita al niño a pensar la tecnología, a mirarla de frente y preguntarse para qué sirve, cuándo ayuda y cuándo estorba. Porque usar sin reflexionar es cómodo; reflexionar sin usar, estéril. El aprendizaje ocurre justo en ese delicado punto intermedio.

Los aprendizajes esperados se articulan en tres ejes claros:

Valoración. Reconocer que la tecnología, bien empleada, amplía la comunicación humana: acerca voces lejanas, traduce silencios, acorta distancias que antes parecían océanos.

Responsabilidad. Comprender que el exceso o el mal uso no son inocentes. Las consecuencias existen, aunque no siempre hagan ruido de inmediato. Como el eco, llegan después.

Habilidades transversales. Fortalecer el pensamiento lógico —ese músculo silencioso de las matemáticas— y, al mismo tiempo, el autoconocimiento emocional. Porque no sirve de mucho razonar con precisión si uno no sabe qué siente, ni entenderse a uno mismo si se renuncia a pensar con claridad.

En definitiva, esta semana no se trata de aprender a usar tecnología, sino de algo más ambicioso y, quizá, más urgente: aprender a convivir con ella sin perder lo humano en el proceso.


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